El castro de El Raso

Este poblado amurallado de los siglos V al I a.C, de unas veinte hectáreas de superficie, situado cerca de la localidad de Candeleda y del Pico Almanzor (2592 m.) que le protege de los vientos fríos del norte y le proporciona a lo largo del año una agradable temperatura, es un importante testimonio de la cultura Vettona.

Los vettones fueron uno de los pueblos indígenas que habitaron la península ibérica, con anterioridad a la conquista de Roma. Su cultura de tipo céltico, es mezcla de tradiciones anteriores y nuevos avances procedentes de otros pueblos. Se caracterizaron por sus relaciones comerciales, una mayor organización social, y la utilización del torno en la fabricación de sus cerámicas. Los verracos, esculturas de animales en piedra son sus elementos más representativos.

Las excavaciones arqueológicas han permitido conocer que este poblado tuvo unas trescientas casas y una población de unos 1.500 habitantes. La disposición regular de sus casas, unas al lado de otras con muros comunes, indican una cierta organización urbanística. Los materiales empleados para la construcción fueron la piedra, el barro y la madera.


Imagen del panel informativo de la Junta de Castilla y León

Las casas eran de una sola planta rectangular o trapezoidal, y contaba con un porche, un vestíbulo, una cocina que era a la vez la habitación principal, una segunda habitación y un almacén. Las costumbres de estas gentes han llegado hasta nosotros a través del historiador grecorromano Estrabón, quien escribió: ” comen sentados sobre bancos construidos alrededor de las paredes, alineándose en ellos según sus edades y dignidades; los alimentos se hacen circular de mano en mano”.


Réplica de dos viviendas tradicionales de los vettones.


Réplica de una vivienda indígena, de una sola planta, rectangular o trapezoidal.


El paisaje desde el castro es extraordinariamente hermoso, como se puede observar en estas fotos tomadas en una preciosa tarde otoñal de noviembre, salpicada con una fina lluvia.


El paisaje nublado y la fina lluvia, crean un ambiente fascinante y mágico de singular belleza.


Mirador desde donde se divisan fantásticas panorámicas. Nubes, montañas, valle, ríos y una exuberante vegetación, en un solo golpe de vista.


Vista parcial desde el mirador


Desde otro punto podemos divisar el pantano del Rosarito.

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