Jardín Valle del Tiétar

Por Axel Mahlau

Jardín Botánico Valle del Tiétar

JARDÍN BOTÁNICO VALLE DEL TIÉTAR (La Adrada)

Cuando mis hermanos y yo éramos muy niños – más de cuarenta años hace de eso ­ nuestros padres nos marcaron a cada uno un jardincito particular (que no pasaría de los 2 o 3 metros cuadrados) para cuidarlo y hacerlo prosperar; regar sus plantas a lo largo del verano, retirar las hojas secas, decorarlo con algunas piedras de musgo… Y si al cabo del año consideraban satisfactorios nuestros cuidados, como premio nos regalaban algún tiestecito con un rosal, o unos bulbos de gladiolo o tulipán, o nos dejaban aumentar insignificante el tamaño del jardín respectivo.

Aprendimos así a observar con detalle plantas y animales, a percibir los cambios en la naturaleza a lo largo del año, a celebrar las flores más madrugadoras en la primavera, las primeras mariposas, la vuelta de las oropéndolas y golondrinas de su estancia invernal en África, a apreciar la importancia del agua (bien desviada por unas horas a la finca por el aguador, bien literalmente caída del cielo en alguna generosa tormenta de verano). Nos enseñaron que la tristeza de la caída de las hojas no es más que el paso a otro estado de descanso invernal, preludio de un resurgir con fuerza en primavera. Y a valorar las maravillas y la fragilidad de la vida.

Aprendimos de todo esto que la naturaleza es como un libro abierto, y que aguzando los cinco sentidos, podremos descubrir páginas sorprendentes y maravillosas.

Aprendimos que dedicando nuestro tiempo y nuestra atención al jardín ( al mundo, a las personas), este se desarrollara y crecerá hasta formas y límites insospechados, proporcionándonos alegrías y satisfacciones.

Aprendimos a confiar en el futuro y a contar con él: observando como aquel bulbo que desarrolló sus hojas, el tallo y después la flor, después de perdido su esplendor y marchitas sus hojas, volvió a brotar en la siguiente primavera constatando como ese abeto que apenas nos llegaba hasta las rodillas fue creciendo de año en año y pronto nos cubrirá con su sombra.

Aprendimos por fin el valor de la perseverancia, a insistir y a empezar de nuevo, si hace falta: a reemplazar ese arbolito agostado por el sol inclemente en verano, o las aloes heladas por el gélido aire invernal o a ayudar al jardín a regenerarse después de un incendio cruel…

Sin estas lecciones probablemente no habríamos avanzado la idea de crear este Jardín Botánico, invirtiendo dinero y mucho esfuerzo en la plantación de unos árboles que solo nuestros hijos y nietos apreciarán en su todo su esplendor. Ni habríamos tenido la fuerza necesaria de seguir adelante con nuestro proyecto cuando la horrible sequía del año pasado se llevó por delante no solo multitud de plantas traídas con ilusión de muchas partes del mundo, sino también pinos y encinas viejos, bien enraizados, autóctonos, que parecían estar por encima de los vaivenes climáticos; cuando hubo que cerrar el Jardín, privándonos así de la posibilidad de recuperarnos económicamente del daño sufrido, de ir reemplazando los ejemplares perdidos e incorporar variedades nuevas…

Jardín Botánico Valle del Tietar

Pero con el otoño volvieron las lluvias, volvieron a aparecer briznas verdes en los campos agostados, a rebrotar arbustos y árboles dados por muertos; volvió primero la esperanza y después, la energía.

Proseguimos, pues, con las innovaciones en el jardín (Por cierto: hasta la fecha no hemos recibido un solo céntimo de ayuda oficial, aunque estamos con­vencidos de que nuestro proyecto aumentará el atractivo turístico de la zona, per­mitirá la creación de puestos de trabajo, encaja perfectamente en el desarrollo sostenible de la zona, será un foco de concienciación y desarrollo medioambien­tal.. pero como nadie crea un jardín botánico, no hay ayudas previstas – si algún lector supiera de algo, agradecemos indicaciones al respecto).

El depósito construido el año pasado ya esta lleno de agua, y prevendrá catástrofes como la del año pasado. La casita de recepción de visitantes, en la nueva entrada al Jardín, inaugurada en agosto (nos permitió por fin, abrir el Jardín al publico con regularidad desde ese momento). Y, como no, hemos seguido incorporando plantas nuevas: algún arriate de flores, el rincón de las camelias y magnolias, un trozo de huerta tradicional, para que conozcan los niños de ciudad la procedencia de su pisto y su gazpacho…

Todas estas tabores no habrían sido posibles sin el apoyo de multi­tud de amigos, que desde los lugares mas diversos han seguido trayendo plantas y semillas curiosas – por larga, tengo que omitir la lista de nombres, lugares y plantas – ¡pero mis ami­gos saben como les agradezco sus aportaciones!. A quien no puedo dejar de expresar mi agradecimiento publi­co es a Amelia y Teresa, Miguel, Andrés, Pepe y Rubén, que han dedicado muchas horas de su tiempo libre a trabajar desinteresadamente en el Jardín, podando, des­brozando, construyendo… sin ellos no estaríamos donde estamos hoy, aparte de haber compartido muchos ratos agradables juntos.

Jardín Botánico Valle del Tiétar

A lo largo del año pasado, el Jardín Botánico no solo ha vuelto a recuperar su pulso vital, si no que también se ha ido llenando de vida humana. Han venido a ver el Jardín grupos de jubilados (p.e. los veteranos de Iberia), escuelas-taller de Jardinería (como la de Mombeltrán) y alumnos de colegios madrileños (como recientemente, los Salesianos de Atocha). Han empe­zado con éxito los cursillos de fin de semana (alemán para niños, inglés, aula de naturaleza para familias…), que se reiniciarán en septiembre, con temas nuevos. E incluso se celebró una boda, en las instalaciones del Jardín… Igualmente, están en preparación los estatu­tos de la futura Sociedad de Amigos del Jardín Botánico (a la que todos los lectores interesados por la natu­raleza quedan invitados a unirse).

Quien quiera informarse más detalladamente sobre el Jardín Botánico y sus actividades, puede hacerlo en nuestra web www.jardintietar.com., o llamando al 91 867 13 33.

Estamos seguros de que un paseo por el Jardín nos ayudará a relajarnos.

Axel Mahlau

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