Dos piezas de museo etnológico al aire libre, un potro de herrar y un carro, reciben al visitante que accede a Gavilanes desde la comarcal 501. (foto de 2005)

Escultura dedicada a los resineros de Gavilanes. 
(foto de 2019)

Bajo la atenta mirada de los riscos de Curandera y Guirnaldera, Gavilanes, que ya en el siglo XIV aparece mencionado en el Libro de Montería del rey Alfonso XI, está situado dentro de un entorno natural de gran belleza paisajista y en una zona privilegiada que fue habitada en la antigüedad por pueblos prehistóricos, como lo atestiguan los numerosos restos arqueológicos del paleolítico y neolítico encontrados en este lugar.

En nuestra excursión a este pueblo serrano en una tarde fría y otoñal de 2005, nos sorprende gratamente la singular hermosura del paraje en el que se encuentra inmerso y en el que abundan todo tipo de árboles frutales, robles, pinares, castaños y olivares, además de estar surcado por bellas gargantas de agua pura y cristalina como las de Blasco Chico o La Chorrera (una de las cascadas más altas de España), que dan origen a una multitud de manantiales que surgen en un paisaje variopinto, cubierto de otoñales tonalidades verdes, ocres, rojizas y amarillas.

Gavilanes tiene actualmente una población que ronda los 800 habitantes, parte de ella descendientes de moradores de una antigua aldea cercana hoy desaparecida, denominada Las Torres, y cuyos vecinos en su mayor parte, terminaron asentándose en Gavilanes en el siglo XVIII. De aquella aldea podemos observar aún hoy, los vestigios de su Iglesia en la parte baja del término municipal.

Al igual que otros pueblos de la comarca, la arquitectura popular se caracteriza por sus estrechas calles de trazado irregular y sus casas balconadas, de dos plantas más el «sobrao», en las que se utilizan materiales naturales como la piedra, la madera y el adobe,  que tienen la propiedad, según nos cuenta un vecino, de conservar las casas frescas en verano, y calientes en invierno en cuanto se caldeen un poco con una estufa, si bien tienen el inconveniente de que absorben la humedad del suelo y pueden ennegrecer la parte inferior de las paredes.

En cuanto a sus monumentos debemos mencionar :

La Iglesia parroquial de Santa Ana construida en el siglo XVII, aunque su torre se levanta con la participación de los vecinos del pueblo un siglo después.
Dos fuentes octagonales situadas en sendas placitas denominadas El Cotano y El Cotanillo.
El edificio de su ayuntamiento de 1765.

Fiestas:
San Isidro el 15 de mayo.
Santa Ana, patrona del pueblo, del 24 al 27 de julio.
Fin de verano, el último fin de semana de agosto o primero de septiembre.

Calle y casas típicas

El Cotano y fuente octagonal

Iglesia de Sta. Ana

Los castaños de indias, en esta época otoñal, tapizan el suelo del parquecito de la Iglesia de multitud de tonos pardos y amarillos

Ayuntamiento

Plaza del Cotanillo y fuente octagonal

Un gracioso pollino sale a nuestro encuentro y posa ante la cámara como si tal cosa.

Fuente de La Cerradilla

Detalle de una casa, con perro asomado entre los barrotes de la ventana

Jinete a caballo subiendo la cuesta

En 2005 y con 89 años de edad, Francisco Fernández nos contó cosas del pueblo que le vio nacer.

 

Fuente de La Cullá

Franjas de terreno en la ladera de la montaña, que alternan con pequeñas huertas.

Vista subiendo hacia el Charco de Blasco Chico

La intensa niebla que se va formando, nos desanima en esta ocasión a seguir subiendo hasta el Charco de Blasco Chico

Retrocedemos, y volvemos a encontrarnos con este bello animalillo, que de nuevo posa dulcemente ante la cámara.

Fotos, cuatro años más tarde
(Otoño de 2009)

Fotos en agosto de 2019

Escultura dedicada a los resineros de Gavilanes.

Precioso paisaje natural, donde puede observarse las secuelas del pavoroso y desgraciado incendio de 2019. 

Piscina natural

Entorno de la piscina natural